CicatrizEn una primera consulta, es bastante habitual que el paciente comente « doctor cicatrizo mal », generalmente se trata de cicatrices normales posiblemente algo dehiscentes, rojizas, debido generalmente a una inadecuada técnica de sutura o localizadas en una zona de tensión. Los  verdaderos problemas de cicatrización, cuyo riesgo de aparición en nuestro entorno es mínimo, son excepcionales.

Las cicatrices son producto de la remodelación de los tejidos alrededor de los márgenes de la herida con la intención repararla. Cuando por diversas causas esa remodelación sufre alteraciones, pueden ocurrir fenómenos de cicatrización anormal.

Existen básicamente 3 tipos de alteraciones en la reparación de heridas: cicatrices queloideas, hipertróficas y atróficas.

Las cicatrices queloideas son una anomalía de la cicatrización, debida a la aparición de excesivo tejido fibroso de reparación tras una lesión cutánea tal como una herida quirúrgica o accidental, una quemadura, un piercing, o incluso una lesión mínima de la piel.

El queloide asienta sobre una cicatriz previa y crece mucho más allá de los márgenes de la herida invadiendo a la piel sana circundante, adquiriendo la característica de un verdadero tumor benigno. Generalmente aparecen hacia el tercer mes, a modo  de picor y engrosamiento progresivo de la cicatriz, adquiriendo una consistencia dura, recubierta de una piel roja y brillante.

Su crecimiento es variable e impredecible, en función de las características del paciente y sobre todo de la zona o localización en la que asientan.

Se desconoce la causa pero existen algunos factores que predispone:

  • Factores genéticos y hereditarios
  • Factores raciales: Son más frecuentes en la raza negra.
  • Localización: Zonas del cuerpo más propensas son el tercio superior del tronco (escote, parte alta de la espalda y hombro) y lóbulos auriculares.
  • Tipo de Herida: heridas accidentales con pérdida de tejido y no suturadas, cicatrices de quemaduras de 2 y 3 grados.

Los problemas que plantean las alteraciones de la cicatrización son fundamentalmente de tipo estético y son esas razones estéticas las que conllevan la búsqueda de tratamiento. Con este propósito es necesario combinar diversos tratamientos: aplicación de láminas, cremas o geles de silicona de forma preventiva y complementaria, la crioterapia con nitrógeno líquido o infiltraciones de corticoides seriadas. El tratamiento no siempre puede ser satisfactorio y es necesario tener unas expectativas realistas con él.

Las cicatrices hipertróficas, si bien tienen un crecimiento redundante, no llegan a sobrepasar  los bordes de la herida, y ésta es la principal diferencia con las cicatrices queloideas. También son rojas, pruriginosas y/o dolorosas. En el transcurso de meses tienden a reducir su tamaño junto con las molestias y responden bien al tratamiento. Se localizan frecuentemente en zonas donde la herida se ha cerrado a tensión.

Las cicatrices atróficas tienen, por el contrario, carencia de tejido de reparación. Son deprimidas, delgadas y pálidas. Resultan ser más anchas que la herida original. La fina piel que la cubre tiende a replegarse sobre ellas, son frecuentes en rodillas y codos, o tras un proceso inflamatorio como el acné o la varicela.

La mayoría de los pacientes cicatrizan adecuadamente, sin embargo es importante conocer que las cicatrices pasaran por distintos periodos hasta alcanzar su forma, textura y color definitivos.

Esos pacientes que acuden a la consulta preocupados por su « mala » cicatrización , generalmente se debe a que la herida inicial está localizada en una zona de tensión o de riesgo y que la técnica utilizada para suturarla no haya sido la adecuada en su momento.

Por último, es un error pensar que la Cirugía Plástica y Estética no deja cicatrices, podemos realizar intervenciones a través de incisiones mínimas, localizarlas de tal forma que las cicatrices no sean aparentes a simple vista y utilizar todos los medios técnicos a nuestro alcance para que sean menos apreciables y casa imperceptibles, pero la cicatriz siempre estará ahí.